[ENC003] Los cuerpos encogen cuando mueren

 

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«Los cuerpos encogen cuando mueren, de modo que los pomos de las puertas, los interruptores de la luz, el parque de roble rojo, los muebles de cocina, las camas, los tabiques y, en definitiva, todos los objetos del apartamento, si hubieran pertenecido a la joven ahora muerta deberían responder también a la lógica de disminución de tamaño. Me dirigí entonces al interruptor de la luz de la sala, memoricé la marca y el modelo, Simon-A333. Me senté, encendió el ordenador, entré en la página web de Simon, busqué las especificaciones técnicas; había decenas de catálogos, tardé un buen rato en encontrar el modelo A333. La página detallaba las dimensiones frontales, 6,2×6,2 cm. Me levanté, creia haber visto un pie de rey en el estudio. Lo encontré bajo un lote de bocetos de bolsas y otros recortes. Regresé, medí el interruptor de la sala, lo hice 4veces, abriendo y cerrando el pie de rey antes de cada medición para asegurare de que eran medidas independientes; todas arrojaron el mismo resultado, 6×6 cm. Una prueba en contra es suficiente para refutar un hecho, y el hecho que yo acababa de refutar era que el apartamento conservaba sus medidas a lo largo del tiempo. Dicho de otra manera, acababa de demostrar su equivalente: el apartamento estaba encogiendo, no tenía ni idea de a qué velocidad, pero si la disminución era lineal, se trataba de unos 2 milímetros al año. Me senté. Si todo lo vivo está sujeto a una selección natural, también los objetos fabricados en serie deben de presentar tal selección de alguna manera y otra, me dije, y ésta no puede ser otra que su disminución de tamaño. No son los diseñadores industriales quienes hacen evolucionar los objetos, sino los propios objetos, que van menguando a la misma tasa que los muertos que los poseyeron.«

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Limbo, Agustín Fernandez Mallo, 2014

(Páginas 190-191)

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